La sala de espera no era precisamente muy cómoda, los sillones negros tenían algunos sobados en los brazos, nos movíamos con inquietud.
María- una matrona andaluza-hablaba con su gracia increíble :
-Chiquillooo, no preocuparse que el paseito no ha estao na mal, sino vienen a por nosotroo pué nos damo la vuelta y ¡ ea aquí no ha pasao ná!,
Nos comimos las galletas que teníamos y los cacaos que nos dieron en el avión, nos preguntábamos qué tendríamos que hacer; no teníamos teléfono alguno al que llamar, nos habían dicho que nos recogería en el aeropuerto un representante del FEDSALUD, pero nadie aparecía preguntando por nosotros, teníamos aburrido al oficial que estaba detrás de la pequeña ventanilla por donde habíamos pasado los pasaportes;
-Por favor ¿ha preguntado alguien por nuestra brigada?, esta vez es Pepe el que pregunta-un enfermero de Madrid.
-Ya les dije muchachos ¡ tranquilos! aquí todo va al suave, vendrán a por ustedes.
Cuando llevábamos 6 horas o quizá un poco mas apareció mi Gladiolo( ver las flores de mi jardín).
Alto, pelirrojo, barbudo, con un bulto en el pecho del que sobresalía una cabecita rubia que miraba su cara

-Este es mi hijo, disculpen el retraso mi nombre es...-Gladiolo-, alegría de verles y que estén bien de salud, no nos retrasaremos; tenemos cuatro horas de viaje hacia el norte, no les llevaré a Ocotal hay otra situación prioritaria en Estelí, por la panamericana ya llegaremos pasado el toque de queda.
Aquí se acostumbra a viajar en la parte de atrás del carro, no hay espacio en la cabina para todos, ustedes deciden quien irá delante conmigo
Sin dudarlo entraron en la cabina María y Gustavito, el resto con el equipaje nos subimos en lo alto del Toyota y salimos del aeropuerto camino de Estelí.
El aire nos daba en la cara mientras mirábamos la ciudad, los edificios altos estaban en ruinas, se podían distinguir perfectamente los agujeros de las ametralladoras en los muros que quedaban en pie, la furgoneta vibraba dando de cuando en cuando saltos obligándonos a agarrarnos fuerte a los laterales, decidí sentarme sobre mi mochila, por lo menos mi trasero no estaría sometido a tales embestidas. Había gentes por la carretera ofreciendo algunos líquidos de colores en bolsas de plástico al tiempo que chillaban reclamando las ventas
-¡¡¡Frescos, frescos, sabrosos frescooooos!!!
Mas que una autopista - la panamericana -empezó a convertirse en un camino sin una pizca de alquitrán, con unos agujeros tremendos y con animales de todo tipo que se plantaban en medio de la furgona sin miedo al ruido del claxon, empezamos a ver los primeros carteles


El paisaje cambiaba y también la luz del sol, los espacios abiertos se fueron convirtiendo en montañas verdes selváticas, la carretera cada vez estaba peor, cuando creíamos que el viaje no acabaría nunca llegamos a un pueblo, La Trinidad.
Un grupo de uniformados nos dio el alto e hizo parar el carro. Estaban todos armados con¿ fusiles?
-¡¡Alto!!... Ah, sos vos, tenés que parar, ahorita hubo una baladera acá nomas, están sabotiando todos los depósitos de agua.
¿Son brigadistas?, saludos camaradas, no teman nosotros estamos acá para escoltarles.
Se dirigía a Gladiolo. El bajó del Toyota y se acercó al grupo de militares, no podíamos oir lo que hablaban pero en su cara se leía la preocupación y el enojo que tenían.
A lo lejos se empezaron a oír disparos y voces. La oscuridad de la noche había llegado, me di cuenta en ese momento que había venido a un país en guerra y que mas lejos, probablemente a donde teníamos que llegar, los resplandores en el cielo anunciaban que aquello que estábamos viviendo solo era un aperitivo de lo que nos esperaba.
El miedo me revolvió las tripas.
Corrí hasta donde estaban los hombres y pedí:
- Por favor,necesito ir al baño
Me miraron y se miraron entre sí, Gladiolo se me acercó y me dijo
-Señora, le acompaño.
Caminamos un rato y en una cuneta me invitó a aliviarme, los retortijones eran tan grandes y con tal estruendo que estaba sofocada de los ruidos; cuando terminé, me disculpé ante mi acompañante. Recuerdo con nitidez su cara pícara.
-No solo la guerra produce ruidos, acá nadie se asusta por algo tan natural.
Cuando llegamos donde estaba el grupo, el comandante ya había dado permiso para continuar, dos de sus hombres subieron con nosotros a la parte de atrás y se colocaron a los dos lados con sus armas en posición de defensa.
El silencio, el cansancio y el miedo eran evidentes.
Llegamos a Estelí en noche cerrada, nos esperaban impacientes dos mujeres, se acercaron a la ventanilla del conductor y la mas joven le entregó un papel.
-Gladiolo , estábamos preocupados todos por ustedes, están bien es lo importante; no se demoren, en sus casas los están esperando, mañana ya nos presentaremos.Por favor acompañe a los compañeros a sus casas, las direcciones están en el papel.
La primera en bajar fui yo.
Me recibió la dueña de la casa, una mujer muy joven que me acompañó a la habitación donde podría , por fin, dormir.
Eso creía yo, el cansancio me vencía, sin embargo los ruidos que se oían no eran los habituales que estaba acostumbrada a oír.
(Continuará)